jueves, 6 de octubre de 2011

New York

Desayunar en New York es comparativamente de lo más caro pero hay soluciones para todos los gustos, mi consejo es acercarse a uno de los miles de Delis que hay en la ciudad y tratar de buscar el desayuno que uno prefiere. Sale barato pero también dependerá de lo caprichoso que sea uno, el desayuno promedio no baja de los 6 dólares incluyendo huevo y bebida. La ventaja es que en los delis uno puede encontrar de todo y a precios normales, tratara de desayunar en una cafetería puede convertirse en un desayuno de 20 hasta 40 dólares sin desayunar nada del otro mundo. Caminando por la calle en esta maravillosa ciudad uno encuentra miles de propuestas para almorzar, hay la opción de los delis, la de los carritos en la calle que pasan desde el pretzel, los” hot dogs” y encontramos toda clase de variedades de comidas semi orientales , griegas y árabes en preparaciones variadísimas. A su vez miles de pequeños negocios de comida para llevar donde destacan los chinos y sus características cajetitas de “ delivery” , miles de restaurantes con menus especiales de almuerzo. Cualquiera de las opciones vale la pena con tal de seguir caminando y disfrutar del paseo. Incluso hay la opción en miles de lugares de la pizza en “ slices” o porciones a precios tentadores de todos los sabores y colores. Incluso la versión súper sofisticada de los delis gourmets ofrecen miles de ensaladas, platos cocinados y comidas de todas las regiones que se venden por peso. En la noche , que es cuando realmente uno ya ha visitado, ya ha hecho compras y ha reposado, es donde hay tiempo, para ir a buscar restaurantes. Huir de los tópicos típicos es una virtud y lanzarse a la aventura, caminar por las avenidas menos concurridas e ir estudiando los menús que cas siempre están a la vista en la calle, es divertido y sugerente hasta que uno encuentra lo que busca. Casi todos presumen además de la clasificación de la guía Zagat y la exhiben en sus vidrieras con lo cual sin tener la guía uno puede aventurarse por esas avenidas y calles y a la búsqueda de la cena deseada , ofreciéndonos esta ciudad la facilidad de que hay comidas de casi todas las regiones y etnias del mundo. Recomiendo pasearse por la novena avenida que esta plagada de restaurantitos étnicos y de excelentes precios, sobre todo entre las calles cuarenta y tres y cincuenta y siete. Por estos paseos descubrimos un restaurante de nombre 9, que tenía una apariencia de moderno pero con un menú lleno de curiosidades gastronómicas. Nos sentamos en la terracita y la única critica que se repitió bastante en el viaje es que los vinos tintos estaban calientes no venían de cava y su temperatura estaba muy por encima de los dieciséis grados, el resto inmaculado, los niños se comieron unas hamburguesas espectaculares y lo que les llamo la atención fue que las papas vinieron en canastitas similares a las de freír de acero inoxidable muy bonitas. Los langostinos apanados en coco con salsa de mango deliciosos, la caprese estaba perfecta y el braseado de asado de tira inmaculado, acompañado de puré y mini vegetales braseados estaba perfecto. Lastima, insisto, del pinot noir americano que vino como sopa pero que logre me lo enfriaran y se torno delicioso, en general los vinos caros y a la mala temperatura. Buen provecho.

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